He visto una ciudad techada al borde del abismo, al que mira orgullosa, desafiante.
Boca seca, agrietada, sedienta.
He visto olas bailando los riscos, sensuales en su cortejo al viento.
Tambores de guerra indígena sobre un cielo peludo y suave, de panza de burro. Miradas de barro pintadas en lienzo indignado. Auténtica causa limeña.
Labios que hablan el más común de los idiomas.
He visto carros ladrando feroces en cada esquina.
Edificios de caras rotas, ajadas, con arrugas centenarias bajo sus ventanas.
Una plaza de armas armada.
He visto montañas más altas que el cielo que, cobarde, derrotado, se arrastra entre la gente.
Vivir con lentes grises y paladar contento.
Y comerse sabores conquistados al mundo.