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Versos con lengua

~ Versos con lengua: poesía que llueve, poesía que crece. Poesía que ama, poesía que duele

Versos con lengua

Archivos de etiqueta: Poesía

Versos con espinas

08 miércoles Abr 2015

Posted by Gorka V. in Poesía, Todos

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Poesía

Este es mi regalo: un ramo de versos. Versos rojos, frescos, recién cortados. Para ti. Para que los degustes uno a uno, llevándotelos a la boca, saboreando sus pétalos y sus tallos. Y también sus espinas.

Los versos, las rosas, la propia vida. Son el rocío de la mañana, el aroma de la tarde. El aleteo de un insecto al anochecer. Un beso fugaz que roza tus labios, dejando el recuerdo de ese breve momento impreso durante años.

Y los momentos duros, cuando el sol quema y la lluvia ahoga. Esos también son versos y rosas y vida. Y cuando el viento sopla, fuerte, tenaz, te tira y te empuja. Insolente, maldito. También es vida.

Pero no te rindes. Y el agua te moja y el sol te seca. Así te nutren, te enseñan. Y así creces, aprendes. Más fuerte, más duro, más dura. Con nuevas cicatrices en las manos y un tallo más recto. Nuevas hojas abiertas a un nuevo cielo.

Y este es mi regalo: un ramo de versos. No versos tristes, ni llanto, ni gritos. Tampoco versos de ensueño, falsos como sonrisas pintadas. Te regalo versos vivos, rojos de pasión, frescos como tu falda en verano. Versos con pétalos y tallos. Pero también con espinas.

Pluma negra

23 lunes Mar 2015

Posted by Gorka V. in Poesía

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Poesía

Quería escribir de rojo pasión,

en rojo carmín. Señal de neón.

En verde primavera, en verde esperanza,

En el verde color de Ciudad Esmeralda.

_

Quería escribir en el azul de cielo,

de mar de calma, de mar de sueños.

En cálido amarillo de arena y de fuego,

en el ardiente color del sol y del viento.

_

Pintar las palabras de vivos colores.

Pintar sus aromas. Pintar sus sabores.

Colores que nacen, colores que crecen.

Colores que brotan y también que mueren.

_

Pero sólo escribía con pluma caída,

de ave triste con alas marchitas,

de ave cobarde, de ave indigna,

de ave canosa, pluma torcida.

_

Pluma de ave tonta, paloma torcaz.

Pluma de cuervo, de ave rapaz.

Pluma que no puede, que no anhela soñar.

Pluma que no puede, que no anhela volar.

_

En su pluma empeñada, terca, constante,

en escribir palabras negras. De negro brillante.

De negro profundo, de negro tronante

Palabras oscuras, de alma sangrante.

_

No hay rojo, ni verde. Ni azul ni amarillo.

No hay colores en la pluma del pájaro caído.

Los colores lloran, en lluvia de dolor

arrastrados por la pena del pájaro sin color.

_

Pena profunda, pena negra.

Sin luz de sol, sin luz de hoguera.

Pena densa, oscura, pena de brea.

Pena que duele, pena que quema.

_

Quería escribir de rojo pasión,

en rojo carmín. Señal de neón.

Y los colores caen, caen sin color

Su pluma sólo escribe, palabras de dolor.

El náufrago del alma

19 jueves Mar 2015

Posted by Gorka V. in Poesía, Relatos, Todos

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Cuentos, Microcuentos, Poesía, Relatos

El náufrago del alma estaba solo. En aquella isla plana, sin cocotero ni playa. Sin nadie que hiciese compañía a la soledad de su alma.

No sabía, no importaba, ni el cuándo ni el cómo. Sólo que el silencio de las olas ahogaban el grito de su alma. Alma náufraga, alma sola. Alma cubierta de sal y arena. Alma que se secaba bajo el sol en una isla sin playa.

El náufrago era la isla, esa isla sin playa. Esa isla a la que nadie más llegaba. Había luchado duro, contra la fuerte marea, contra las olas que le empujaban, contra la resaca que tiraba. Había nadado lejos, había construido balsas. Pero tras marea, olas y resaca, la isla regresaba.

A veces pasaban barcos, cargados de gentes extrañas. Y algunos pasajeros saludaban a la isla plana. En contadas ocasiones, algunos desembarcaban, poniendo pie por un tiempo, en la isla sin playa. Daban sombra al alma, que por ese tiempo no se secaba, y bebía de las visitas, saciando su sed solitaria.

En esos momentos la isla crecía, sin cocotero y sin playa, pero en compañía. Parecía que las olas hubiesen cejado en su empeño, de derribar la isla ya acabado el tormento.

Pero el barco volvía, a recoger al viajero, que dejaba la isla sola, sin playa. Sin cocotero. Una vez más solo, el náufrago del alma, se secaba bajo el sol, mientras se le cuarteaba el alma.

Y la marea subía. Y la marea bajaba. Bañando la isla plana, bañando la isla sin playa. Volvería algún visitante, volvería la ola enfadada. Seguiría así el ciclo, en aquella isla sin playa.

Nadie más naufraga, pues no hay arena ni playa. Las olas no devuelven nada, las olas todo se tragan. Y en la negrura del océano, sigue flotando ese alma. Esa isla plana. Esa isla sin playa.

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