Hija de la selva, mujer de sonrisa Amazonas, de rayo de Luna; tú que bailas de noche con vestido de dudas. Mujer de vaivén, como olas en la playa; tú que plantas secuoyas en el cielo asfaltado de mi ciudad olvidada.
Hija de la selva, de cultura andina, de Chavela Vargas, de terraza en La Latina. Tú que escuchaste mi rabia, puños, patadas. Aún por una noche, una noche estrellada.
Un gesto pequeño, sincero, como tilde olvidada en un largo texto. Acercar tu mano, llamar a mi puerta, regar pequeña semilla en una semana yerma.
Gracias por ese abrazo, de olor a madera, a musgo salvaje. A bosque viejo y a savia nueva. A brisa en los cedros con hojas al viento que, junto al río, bailan riendo.
Espero que hoy, que es un día nuevo, que se acaba tu año viejo, sea un día de sol y de estrellas, de faroles colgados vestidos de fiesta. Que el futuro, tu futuro, sea amanecer en el horizonte, Luna que brilla, sea camino pintado de baldosa amarilla.
Que esa hoja de arce, hoja de roble, esa hoja caduca del calendario, caiga grácil, bailando un tango agarrado. Que alimente tu tierra, tierra negra entre tus dedos, tierra de vida; tierra húmeda por tus lágrimas, ayer de pena, hoy de alegría.
Que como bosque que eres cambies, madures, mudes de hojas, nueva corteza. Que donde había duda, hoy haya certeza. Que bailando junto al río seas feliz, no haya pena alguna, Hija de la selva, mujer de sonrisa Amazonas, de rayo de Luna.