Niña dulce, de miel de flores, vuela sin miedo. Bajo tus alas moradas, siente como te sustenta el viento. Cae, aunque duela, cae sin miedo. Aunque la cabeza de vueltas y pierdas el horizonte, aunque caigas sin saber dónde.
Muchacha salvaje, de olor a campo, salta sin miedo. Deja que tus zapatitos, zapatitos de ballet, se despeguen del suelo. Que el alto abismo, estómago de vértigo, sea trampolín a tus sueños.
Joven de mirada profunda, de pies ligeros, zarpa sin miedo. Lejos del camino recto, simple, aburrido, camino insulso. Embiste las rocas, que se te acelere el pulso. Búscate, busca tu camino. Busca y encuentra nuevos sentidos.
Mujer decidida, espíritu alegre, baila sin miedo. Tropiézate mil veces y besa el suelo. Y levántate de nuevo, bailando, riendo; buscando el cielo. Que cada caída te sirva para para reavivar tu fuego.
Tendrás apoyos, parejas de baile. Nuevas bandadas y viejas gaviotas. Unas de vuelo grácil, otras de alas rotas. Busca su calor y suelta lastre, que su aliento te ayude, ponga música al baile.
Y vuela, salta, zarpa, baila. Sin miedo. Abraza ese vértigo, esa caída, que te mantiene alerta, que te mantiene viva. Y disfruta, disfruta volando, y sin miedo a las caídas.