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Versos con lengua

~ Versos con lengua: poesía que llueve, poesía que crece. Poesía que ama, poesía que duele

Versos con lengua

Archivos mensuales: mayo 2015

Agalarda

28 jueves May 2015

Posted by Gorka V. in Relatos, Todos

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Cuentos, Microcuentos

El pueblo de Agalarda era un pueblo pequeño, tranquilo. Por eso, la noticia del crimen corrió como la pólvora. En el bar del pueblo, porque sólo había uno, no se hablaba de otra cosa. Entre puros y copas, mientras se reparten las cartas de la baraja. Con lo buena niña que era, ¡y de buena familia!

La gente del pueblo, gente mayor, de arraigadas costumbres, tradicionalistas y de misa los domingos (como debe ser) no daba crédito. Seguro que el párroco le dedicaría su próximo sermón. Pobre alma descarriada. Pero Dios es amor y todo lo perdona. O eso se comentaba en el poyo de granito junto a la puerta de la iglesia.

Las calles, siempre tranquilas salvo los fines de semana, que es cuando asediaban los de la ciudad, se vieron invadidas por Marías y Cármenes en los portales, cuchicheando, comentando en voz baja que cómo había podido ser, que no era propio del pueblo. Así no es como educaban a sus jóvenes. Seguro que había sido influencia de otros, claro, de los de la ciudad.

El rumor continuo, un rurnrún incesante, llegaba a todas partes. Incluso los cipreses del cementerio estaban inquietos. Temblorosos, nerviosos. Se estremecían con cada suspiro de aire.

Las señoras, aquellas demasiado dignas, demasiado señoras, para hablar del tema, se quedaban en sus casas, parapetadas detrás de las cortinas asomadas a sus ventanas. Viendo el cotilleo pasar desde la barrera, pensando para sus adentros que aquello jamás hubiese pasado en su familia.

Por todo eso se tuvo que ir. Maria del Carmen, bautizada así en aquella misma iglesia en honor a sus tías tuvo que huir. Casi con lo puesto, sin poder decir adiós, sin despedirse de aquel su pueblo. Juzgada y condenada por jurado popular. Jueces, jurados y verdugos de un estigma arrojadizo.

Se va, con la cabeza alta. Herida y orgullosa. De dejar atrás cadenas y condenas, miradas disimuladas entre rejillas bordadas en tela. Saetas ardientes arrojadas desde el púlpito, portales que aún huelen a comentarios y sangre. Adiós Agalarda, adiós; dice. Sigue encerrada en tus montañas. Que yo me voy. A ser libre.

Pequeños problemas

15 viernes May 2015

Posted by Gorka V. in Relatos

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Cuentos, Problemas, Soledad

Sus problemas eran una pelotita arrugada del tamaño de un puño. Vale que no eran los más grandes, ni los más pesados. Probablemente estaban por debajo de la media. Algunos incluso dirían que no eran problemas en absoluto.

Pero claro, para él, eran los problemas más importantes del mundo. Al fin y al cabo, aquellos eran SUS problemas.

Otros venían con sus losas de mármol, sus grilletes de acero o sus sacos de lastre. Y claro, él tenía que poner buena cara, dar ánimos y palmaditas en la espalda. Qué iba a hacer si él sólo tenía una pelotita del tamaño de un puño.

Hubiese sido ridículo quejarse por ello. Así que lo iba dejando pasar, poco a poco. Siempre había alguien con problemas más grandes, más pesados.

No, esta historia no va de como la pelotita se iba habiendo cada vez más grande, más pesada. No te hagas el listillo. La pelotita seguía igual, sin ser la más grande, ni la más pesada. De hecho, le prestaba tan poca atención que llegó a olvidar de qué estaba hecha.

Todos conocían al detalle sus losas de mármol, sus grilletes de acero y sus sacos de lastre. No hablaban de otra cosa. Y él poniendo buena cara, dando ánimos y palmaditas en la espalda.

Y su pelotita, que no interesaba a nadie, ahí seguía. Casi olvidada.
Un día, casi se podía decir que por aburrimiento, se atrevió a abrirla. A ver de qué estaba hecha.

Un papel en blanco. Nada más. Su único problema era no poder compartirlo.

Perdido

08 viernes May 2015

Posted by Gorka V. in Poesía, Relatos, Todos

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Cuentos, Microcuentos, Poema, Poesía, Relatos

Cabeza baja. Mentón anclado al pecho. Carcasa vacía donde resuena una canción solitaria. Mascando versos silenciosos, oscuros y amargos como hojas de tabaco. De vez en cuando escupe alguno, rojo sangre, en callejón apartado.

Caminando. Por bosque infinito, mar de calma chicha. Vasto desierto de arena sin dunas, de edificios grises. Gabardina hueca, piernas cansadas. Sin mapa ni rumbo. En espiral infinita que, hipnótica, gira y gira.

Hambriento, sediento. Sin llevarse a la boca más que alarde gastronómico de nueva cocina, escaso bocado que no alimenta ni estómago ni espíritu. Alma de Tántalo, corazón perdido.

Detenerse, abrir la mochila y desplegar el mapa. Brújula y sextante. Verse perdido y lejos del oasis. No, mejor no. Seguir  a ciegas, seguir caminando. Entre selvas, manglares del destino, que nublan el camino con lianas y barro, que distraen con extraños sonidos.

Mejor la duda. Esperanza y fe. Que el tiempo diga si hay una meta, un premio, luz al final del túnel. Mejor la duda que certeza cruel. Perdido por inercia, por miedo. Y aun así, con todo, seguir caminando.

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