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Este es mi regalo: un ramo de versos. Versos rojos, frescos, recién cortados. Para ti. Para que los degustes uno a uno, llevándotelos a la boca, saboreando sus pétalos y sus tallos. Y también sus espinas.

Los versos, las rosas, la propia vida. Son el rocío de la mañana, el aroma de la tarde. El aleteo de un insecto al anochecer. Un beso fugaz que roza tus labios, dejando el recuerdo de ese breve momento impreso durante años.

Y los momentos duros, cuando el sol quema y la lluvia ahoga. Esos también son versos y rosas y vida. Y cuando el viento sopla, fuerte, tenaz, te tira y te empuja. Insolente, maldito. También es vida.

Pero no te rindes. Y el agua te moja y el sol te seca. Así te nutren, te enseñan. Y así creces, aprendes. Más fuerte, más duro, más dura. Con nuevas cicatrices en las manos y un tallo más recto. Nuevas hojas abiertas a un nuevo cielo.

Y este es mi regalo: un ramo de versos. No versos tristes, ni llanto, ni gritos. Tampoco versos de ensueño, falsos como sonrisas pintadas. Te regalo versos vivos, rojos de pasión, frescos como tu falda en verano. Versos con pétalos y tallos. Pero también con espinas.