• Lo que aquí se esconde
  • Sobre el autor

Versos con lengua

~ Versos con lengua: poesía que llueve, poesía que crece. Poesía que ama, poesía que duele

Versos con lengua

Archivos mensuales: abril 2015

El recuerdo más grande del mundo

28 martes Abr 2015

Posted by Gorka V. in Poesía

≈ 1 comentario

Etiquetas

Despedida, Fallecimiento, Poema, Poesía

No, me niego. Me aferro al rotundo rechazo a aceptar que te has ido. Que no volverás. Ni hoy, ni mañana, ni nunca. No voy a soltar tu recuerdo, que agarro con ambas manos, con fuerza, con toda mi fuerza, dejando los nudillos en blanco.

No voy a dejar que te vayas, que te diluyas, que te borres de la realidad de la vida. Ni hoy, ni mañana, ni nunca. Aunque no estés, aquí sigues, aunque no vuelvas, no te has ido. No si aún te recuerdo.

Recuerdos profundos, extensos. Recuerdos que abarcan planetas y estrellas, el universo entero. Recuerdos como océanos sin límite que caben en la palma de mi mano y que son frágiles y ligeros, que son plumas al viento.

Recuerdos que nos hacen grandes aunque seamos pequeños. Amenazados, día a día, con la sombra del olvido. A eso me niego, a perder lo que aún eres. El recuerdo más grande del mundo.

Sí, acepto, sumiso, vencido por la dura evidencia del final de la vida que tu cuerpo ya se ha ido como arena en el desierto. Polvo al polvo, viento al viento. Cenizas consumidas en el volcán de la vida.

Pero no, tu recuerdo no. Nunca. Ni hoy, ni mañana, ni nunca. Hermoso regalo que me dejas, herencia sin precio ni lazo. Un vasto jardín de flores. Y prometo regarlo, como hiciste tú, cada día. Con el mismo cariño, el mismo amor. Con la misma vida.

Confesión

10 viernes Abr 2015

Posted by Gorka V. in Relatos, Todos

≈ 3 comentarios

Etiquetas

Cuentos, Relatos

Hay ocasiones en las que comenzar por el principio lo complica todo, ¿sabe usted? El orden de las cosas, el habitual, el “adecuado” sólo hace que todo sea más confuso, que la historia se enrede y al final no se entienda nada. En esos momentos es mejor empezar por otro sitio, con un pequeño detalle y luego, a partir de este, ir construyendo el relato como uno mejor puede.

Y creo que esta es una de esas veces. Podría decir muchas cosas sobre mí, sobre cómo llegué a esta situación, pero así se perdería la esencia de lo que quiero contar. Podría empezar también por el final, por el charco de sangre y la pistola humeante, aunque tampoco sea ese el final-final. El final, el de verdad, tal vez seamos nosotros hablando, aquí y ahora. O tal vez sea el final que me espera. No sé.

Empezaré diciendo que la luz del baño dormía tranquila hasta que activé el interruptor. Despierta con el sonido característico de los fluorescentes. Tap-tap. Pausa. Tap-tap-tap. Se enciende con esfuerzo, iluminando la estancia con una luz pálida, cansada. También yo había pasado una mala noche, claro, y eso afectaba al halógeno del baño. No sería coherente con la historia que, después de aquella noche, la luz se encendiese radiante con un brillo alegre ¿no cree?

El espejo, con sus manchas en la piel, devolvía una imagen tan vieja y descolorida que apenas me reconocía. Quien sabe, tal vez ese no era yo. Como si alguien hubiese tomado mi rostro, copiándolo de una descripción pasada de boca a boca. Claro que había un parecido, pero los detalles estaban difuminados, como si se hubiesen olvidado. Era… ¿cómo decirlo? Como si esa mañana me hubiesen dibujado deprisa y corriendo, como si el autor no se hubiese esmerado en el retrato.

Intenté lavarme la cara para salir de aquel embotamiento que había capturado la realidad. Pero claro, el agua salía marrón, haciendo un ruido en las cañerías que hacía temblar las paredes. Hasta yo estaba temblando. Frío, miedo, un vacío interior… ¡qué sé yo!

Así que decidí rendirme. Hice lo único que podía hacer en aquel momento. Lo único que encajaba con el resto del cuadro. Me senté en la cama, una cama áspera, de motel de carretera. Con una manta roja y raída y una mancha de… bueno, mejor no preguntar, ¿no cree? Así que, me senté ahí y me encendí un cigarrillo.

Así, la escena quedaba completa: una habitación en penumbra, iluminada lacónicamente por la luz pálida del baño, una cama vieja y sucia. Y yo, también viejo y sucio, fumando un cigarrillo. Todo encaja, ¿no le parece? Pero falta algo… ¡Ah! Sí. Ruidos en la habitación contigua. Ruidos de… una pareja discutiendo, sí. Creo que eso encaja en lo que quiero contarle.

No sabría decirle cuánto tiempo estuvimos así. Es como un cuadro. No sé si me entiende. Nunca sabes cuándo las figuras van a decidir seguir con sus vidas y salir del marco. No pueden quedarse ahí para siempre, ¿verdad? Y de algún sitio deben de venir.

¿Qué si esto es importante para la historia? Bueno, pues no sé, pero por algún sitio tenía que empezar. Y este es tan buen punto como cualquier otro.

Ahora tengo que ligar esto con otro punto de la historia. Así, con dos puntos, tenemos una línea. Usaré, si no le importa, algo tangible, algo que pueda tocar. Así será más fácil para mí contarlo y, con suerte, para usted entenderlo.

Tomemos esta pistola. Pesada, fría. Dormida. Parece pequeña, inofensiva. Pero ambos sabemos que, con unas leves caricias, crece y se calienta. Un auténtico símbolo fálico, el poder en la palma de la mano.

Pongamos esta pistola en la habitación, sobre la almohada, reposada y relajada, esperando que la coja para cantar su fría balada. ¿He dicho balada? Como bala, claro. Disculpe, no quería sonar cómico, entiendo que este no es el momento para ello.

Así que tenemos una habitación, un hombre fumando y una pistola cargada (porque claramente está cargada) reposando en la almohada. O en la mesilla de noche, si usted cree que va a encajar mejor con lo que le estoy contando.

Creo que le da una fuerza inesperada a la escena. Lo que era una escena tranquila, deprimente, costumbrista, ha adquirido una vertiente agresiva, brutal. Y sólo con ese pequeño elemento reluciente en la habitación.

Supongo que todo esto no le ayuda demasiado, ¿verdad? Yo aquí, hablando de una habitación patética en una mañana amarillenta y descolorida. Aunque, ya sé qué es lo que más le preocupa. El arma humeante y el charco de sangre, ¿no es así?

Pero, entiéndame, es parte de la historia, yo poco puedo hacer ahora. Ya está escrito, como quien dice. Si hubiese algo que pudiese hacer, algo que cambiar, créame que lo haría. Pero el hecho de que estemos los dos aquí, hablando como estamos, indica que ya es tarde.

¿Tiene todo esto algún sentido para usted? Si se lo contase en orden todo sería mucho peor, claro. Pero, contándoselo así la cosa mejora. Lo que me da miedo, realmente me da miedo, es cuando llegue al final (o al principio) de esta historia. Al charco de sangre, a la pistola humeante.

Tal vez, si añadimos un tercer elemento, que de altura al cuadro, sea todo un poco más claro. Pongámosle, por ejemplo, a usted. En esa habitación. Llamó a la puerta sin saber que así entraba en este cuadro.

Así la historia pasa de ser meramente descriptiva a tener acción, un movimiento. Y esto, nos obliga, a tomar una dirección. A tomar un “adelante” y un “atrás”. El mero hecho de que exista una acción fuerza a toda la composición a definirse en el tiempo.

Y era eso lo que quería evitarle. Porque, y créame que lo digo en serio, lamento mucho todo esto. Prefería la historia sin un orden ni acción. Porque, hasta entonces usted está vivo y no en el suelo de una habitación deprimente, tirado junto a una manta roja y raída.

Pero, una vez que la acción comienza todo sucede de golpe. Y luego llega el “bang”, el “oh” ahogado y el “plof” de su cuerpo contra el suelo.

¿Lo ve? Por eso hay ocasiones en las que comenzar por el principio lo complica todo.

Versos con espinas

08 miércoles Abr 2015

Posted by Gorka V. in Poesía, Todos

≈ Deja un comentario

Etiquetas

Poesía

Este es mi regalo: un ramo de versos. Versos rojos, frescos, recién cortados. Para ti. Para que los degustes uno a uno, llevándotelos a la boca, saboreando sus pétalos y sus tallos. Y también sus espinas.

Los versos, las rosas, la propia vida. Son el rocío de la mañana, el aroma de la tarde. El aleteo de un insecto al anochecer. Un beso fugaz que roza tus labios, dejando el recuerdo de ese breve momento impreso durante años.

Y los momentos duros, cuando el sol quema y la lluvia ahoga. Esos también son versos y rosas y vida. Y cuando el viento sopla, fuerte, tenaz, te tira y te empuja. Insolente, maldito. También es vida.

Pero no te rindes. Y el agua te moja y el sol te seca. Así te nutren, te enseñan. Y así creces, aprendes. Más fuerte, más duro, más dura. Con nuevas cicatrices en las manos y un tallo más recto. Nuevas hojas abiertas a un nuevo cielo.

Y este es mi regalo: un ramo de versos. No versos tristes, ni llanto, ni gritos. Tampoco versos de ensueño, falsos como sonrisas pintadas. Te regalo versos vivos, rojos de pasión, frescos como tu falda en verano. Versos con pétalos y tallos. Pero también con espinas.

Un grito sin palabras

07 martes Abr 2015

Posted by Gorka V. in Relatos, Todos

≈ Deja un comentario

Etiquetas

Cuentos, Microcuentos, Relatos

La consciencia, herida de muerte, se arrastra por una garganta estrecha y reseca, consiguiendo, tras esfuerzos y derrotas, salir en un grito sin palabras. Un grito herido, sincero, cuarteado como la tierra en agosto. Roto por los bordes. Mal doblado. Un grito náufrago, casi ahogado en un mar inmenso, que se agarra, con la fuerza de la desesperación, a un tronco a la deriva.

Es rabia, rabia pura. Rabia destilada, rabia grave y aguda. Alta, profunda. Es un “¡NO!” es un “¡BASTA!”, un “¡DETENTE!”, una bala. Una explosión de pólvora contenida en un pecho de carne. Encerrada entre costillas y sangre.

Es un grito lejano, sin eco. Apagado por el viento y el ruido de una sociedad de voceros. De plañideras de cartón, de maniquís sin alma ni aliento. Un grito rebelde, alzado ante fusileros. Un grito de color en un mundo en blanco y negro.

Y es por ese mundo, marchito y baldío, al que se le escapan los colores entre sus manos ensangrentadas, como fina arena de playa, es por ese mundo por quien grita, por quien llora. Poblado de caricaturas sin rasgos, planas y angulosas. Pixeladas. Sucias, borrosas.

Harta, la consciencia grita, rebelde y roja, y verde, y azul. Buscando quien la escuche, quien grite con ella. Quien se alce del mundo plano, quien crezca bajo un nuevo sol, quien se quite las ropas de cartón y mire de frente al fusil, que es la mentira.

Y la consciencia se arrastra, reptante, por el oído rebelde. Se hace un hueco, se hace un nido. En la mente, entre pensamientos, entre sentimientos. Va creciendo, se hace fuerte. Adquiere color, calor. Un grito más humano, menos muerto.

Y así, de nuevo sale, gritando al mundo, colándose en nuevos oídos, en corazones abiertos. Que escuchan, que gritan, que rompen el molde oxidado. Que sufren y lloran, que viven y ríen. Así la consciencia crece, se hace fuerte. Explota, y ya no muere.

Shhhhh

02 jueves Abr 2015

Posted by Gorka V. in Relatos, Todos

≈ Deja un comentario

Etiquetas

Cuentos, Microcuentos, rel, Relatos

Cuando se apaga la luz llegan los sonidos. Uno a uno, en fila, esperan agazapados a que cierres los ojos, en silencio. El goteo de un grifo, pasos en la escalera, una televisión lejana. Hasta los gritos, rabiosos y amargos, de unos vecinos que se aman, que se odian. Que tan solo se soportan.

Esos sonidos, cautivos durante el día, eclipsados por la luz del sol, salen como aves nocturnas de su sus nidos, de sus profundas madrigueras, de almas solitarias que aúllan a la luna. Primero, se desperezan, estiran sus músculos, calientan sus gargantas haciendo gárgaras melódicas. Se arrullan entre las sábanas comenzando una melodía, una nana que despierta, que adormece, que sube y que baja. Por las escaleras.

Marcan el ritmo los pasos del tercero, un-dos-tres, un nuevo vals comienza su sueño. Una lavadora distante le sigue despacio. Lenta, con carga, bamboleante y pesada. Gira. Gira. Siguiendo los pasos del vals del tercero.

La ciudad duerme, tranquila, más despierta que nunca. Sillas que se arrastran, cansadas, sin poder sentarse, sin poder descansar. Una persiana sube, una persiana baja. Se enrollan cantando, se enrollan cantando, se enrollan cantando. No callan, como la vecina del quinto.

Cuando cierras los ojos, los sonidos te llaman. Te susurran al oído que para ellos es de día y que salen a jugar, que salen a cantar. Su vida es la noche y duermen de día, y te susurran que viven, como cada noche, al acabar el día.

En un rato, esos sonidos se harán tuyos mientras te unes a ellos en su musical harmonía. A la vieja lavadora, al vals del tercero, a la silla cansada y a la pareja amargada, que está haciendo las paces. Te unes a ellos en esta noche dormida. Tu respiración pausada, lenta, tu pecho que sube y que baja, sin escaleras.

Suscribir

  • Artículos (RSS)
  • Comentarios (RSS)

Archivos

  • junio 2016
  • mayo 2016
  • diciembre 2015
  • noviembre 2015
  • octubre 2015
  • septiembre 2015
  • agosto 2015
  • julio 2015
  • mayo 2015
  • abril 2015
  • marzo 2015

Categorías

  • Ejercicios
  • El sabor del vino
  • Poesía
  • Relatos
  • Todos

Meta

  • Crear cuenta
  • Iniciar sesión

Blog de WordPress.com.

Privacidad y cookies: este sitio utiliza cookies. Al continuar utilizando esta web, aceptas su uso.
Para obtener más información, incluido cómo controlar las cookies, consulta aquí: Política de cookies
  • Suscribirse Suscrito
    • Versos con lengua
    • ¿Ya tienes una cuenta de WordPress.com? Inicia sesión.
    • Versos con lengua
    • Suscribirse Suscrito
    • Regístrate
    • Iniciar sesión
    • Denunciar este contenido
    • Ver el sitio en el Lector
    • Gestionar las suscripciones
    • Contraer esta barra